Presentación del libro En Femenino Plural: Porque esto solo lo arreglamos entre todas.

Actualizado: jul 4

En Femenino Plural es una guía que te enseñará cómo crear la conciencia de grupo Mujer y te explicará por qué son las mujeres quienes tienen que cambiar.


Hola a todos.


Me siento muy feliz de comunicaros que mi primer libro En Femenino Plural ya está a la venta.


Aquí os dejo unos extractos del libro para vuestro disfrute. Espero que os guste y os animéis a comprarlo.


El libro se divide en varias partes; en la primera parte hablamos del psiquismo femenino, de los procesos de victimización a los que estamos sujetas las mujeres y de sus consecuencias en nuestras vidas. Explica, además, muchos de los comportamientos femeninos actuales. Esta primera parte sienta las bases para el resto del libro.


Después pasamos a explicar el contexto social en el que nos encontramos, comenzando por el legado del feminismo en nuestros días.


Los capítulos tres, cuatro y cinco explican la personalidad femenina desde diferentes puntos de vista. Hablamos de la competitividad entre las mujeres, de la misoginia femenina y en general de cómo las mujeres nos hacemos daño unas a otras. El objetivo no es el de juzgar estos comportamientos sin más, sino el de explicarlos como algo que tenemos que cambiar en nosotras.


El capítulo seis habla de la agenda de género en profundidad, de cómo nos afecta a todas y hasta qué punto nos destruye.


El último capítulo está dedicado a las soluciones posibles a toda la problemática expresada a lo largo de todo el libro. Es solo un comienzo, y se ha escrito como un primer borrador a partir del cual todas podremos seguir aportando ideas.

La idea general del libro es la de generar la conciencia de grupo mujer en todas las mujeres. La de crear comunidad, en este caso comunidades de mujeres que trabajen unas para otras y, en consecuencia, para toda la sociedad. Es un libro que aspira a cambiar muchas cosas. Que, de hecho, aspira a sembrar la semilla del cambio. Un cambio que deseamos que sea duradero y estable, pero, sobre todo, justo para todas.

Aquí van algunos extractos:


Apartado sobre la promiscuidad sexual de las jóvenes


Al estar disociadas y exponerse a lo audiovisual, las mujeres, sobre todo las más jóvenes, absorben de forma patológica el comportamiento de las mujeres que ven a través de la pantalla en películas, vídeos musicales y en series de televisión; y reaccionan ante situaciones reales de la misma forma que han visto hacer a aquellas. Cuando los expertos hablan de la influencia de la pantalla, tienen razón en sus argumentos. Aun sin saber nada de disociación, es fácil comprobar en la vida real cómo funciona la robotización. Incluso en aquellas muchachas que no parecen disociadas, la pantalla tendrá un efecto adoctrinador.


La hipersexualidad en la pantalla lleva a la hipersexualidad de las mujeres en la vida real. La pornografía ya forma parte de nuestras vidas aun en contra de nuestra voluntad. Los creadores de lo audiovisual encajan escenas sexuales incluso donde no procede, de la forma más descarada, sin filtros y al alcance de cualquier menor. Las escenas hipersexuales sin sentido aparecen de forma recurrente en los contenidos que uno cree más inocuos. En muchas de estas escenas es la mujer la que toma la iniciativa, mostrándose como la buscadora activa y como un ser muy promiscuo.


No solo estas mujeres en la pantalla visten como prostitutas y se comportan como tal, es que la idea que subyace y que nos muestran incesantemente es que eso es lo que se espera que hagan todas las mujeres. Frente a la desinhibida siempre hay otro personaje que es más recatada, que se ve desafiada a romper con su forma natural de actuar para comenzar a comportarse como una seductora que no desea lazos emocionales con los hombres, solo sexo, porque eso es ser moderna, fuerte e independiente.


El papel de Sandy, interpretado por Olivia Newton-John en la película Grease, de 1978, fue la avanzadilla de lo que hoy es, por desgracia, lo normal para las mujeres. La chica bien educada, con unos valores que le han ayudado a progresar en la vida y con sentido común que se transforma en una desinhibida de la noche a la mañana por la macabra influencia de otras chicas que ni siquiera son sus amigas. Unas chicas que son la antítesis de Sandy, sin educación, sin valores, procedentes de hogares desestructurados y, probablemente, habiendo sido víctimas de algún tipo de violencia (a juzgar por su comportamiento). En realidad, debería de ser Sandy la que les enseñara algo a las otras chicas; valores, por ejemplo.


Y esto no nos importaría si no fuera por el efecto que tiene en las mujeres. Copiando de forma robótica lo que ven en la pantalla, las jóvenes comienzan su andadura sexual mucho antes incluso de lo que ellas mismas desean. No solo se las alecciona para empezar pronto, es que además hay que acostarse con todos. Las chicas repiten los comportamientos hipersexuales de las actrices y seducen de la misma forma que ellas. Buscan compulsivamente a hombres con los que poder repetir de nuevo las escenas aprendidas de forma irreflexiva, esperando que el hombre reaccione también como en las películas y que quede maravillado por sus habilidades en la cama. Al igual que en las películas, las chicas desinhibidas incitarán a las de comportamiento acorde con su edad a que se liberen también. Palabra por palabra, las mujeres repetirán el guion escrito para ellas y expresado a través de las pantallas.


A esta realidad, ya de por sí sombría, hay que añadirle un componente LGTB. Las chicas no solo tienen que acostarse con todos, sino también con todas. La idea que parece estar de moda desde hace algunos años es que todos somos homosexuales en potencia, o bien que somos bisexuales. Esto se traduce en una especie de presión entre adolescentes por ver quién ha tenido más experiencias de este tipo. La realidad es que la homosexualidad impuesta no atañe a la mayoría de las jóvenes, que son heterosexuales.


Es comprensible que los adolescentes experimenten con su sexualidad. Hasta cierto punto los comportamientos de este tipo son normales. Pero, de la misma manera que no querríamos que una persona homosexual estuviera condenada a vivir en la simulación como si fuera heterosexual, no podemos tolerar que las jóvenes heterosexuales se vean presionadas para simular ser algo que no son.


Y haciendo un inciso aquí, añadiré que es la obligación moral de las que hemos escapado de esa trampa indicarles a las jóvenes que nosotras no esperamos que se comporten así, que esa no es la expectativa que tenemos de ellas y que son libres de explorar otro tipo de comportamiento diferente cuando quieran ellas.


Todo esto va sin contar con que un gran porcentaje de las escenas sexuales a las que estamos expuestos sin remedio son violentas. Es decir, son violaciones. Hoy es prácticamente imposible ver una película o una serie de televisión o incluso vídeos musicales donde no aparezca por lo menos una escena de acoso o agresión sexual a una mujer o a un menor. Dejando aparte la pertinencia de este contenido, lo que se está consiguiendo a largo plazo es normalizar la violencia sexual hasta el punto de casi convertirlo en lo normal en la sexualidad, cuando ni es normal ni forma parte de la sexualidad.


Para no verse rechazadas por sus novios, cada vez más jóvenes acceden a comportamientos sexuales que no les son propios, muchas veces antes de estar preparadas para ello. Además, a menudo ven su intimidad sexual expuesta circulando por internet a la vista de todos. Son víctimas de chantajes o de relaciones de violencia en las que se ven forzadas a exponerse ante la cámara. O bien las seducen para que accedan. El adoctrinamiento en violencia sexual convierte a los chicos en violadores en potencia algo que la mayoría no son y a las chicas en víctimas.




Apartado sobre las consecuencias del trastorno de apego inseguro-ambivalente


Lo que más sobresale en el comportamiento femenino con respecto a los diferentes estilos de apego es el efecto que tiene en algunas mujeres el apego inseguro-ambivalente. Entre otras cosas, vimos que estas personas desarrollan relaciones de dependencia con otros, a quienes exigen validación de forma insistente sin llegar a sentirse nunca satisfechas.


Lo que esto significa en términos de relaciones personales es que puedes pasar cuatro días seguidos afirmándole a tu novia que es la más bonita del mundo, pero ella seguirá sintiendo la necesidad de que se lo repitas. No hay manera de llenar ese vacío, y por mucho que lo comprendamos o por mucha compasión que sintamos por estas mujeres, ellas también tienen la obligación de madurar y de arreglar sus problemas por sí mismas.


Y es que el problema con las mujeres con trastorno de apego inseguro no es solo que resulten agotadoras en sus exigencias de validación y de apoyo emocional constante. Estas son mujeres capaces de quedarse embarazadas de un hombre sin contar con la opinión de él. Y lo hacen sencillamente porque han decidido que «ese hombre es para mí». O bien lo hacen cuando el hombre da señales de querer dejar la relación, o en cualquier circunstancia en la que la mujer sienta vulnerabilidades en la relación. Es decir, en cualquier momento.


Sin contar con que engendrar un hijo solo para retener a un hombre es uno de los actos más egoístas que puede llevar a cabo una mujer, hacer algo así no les hace la vida imposible solo a los hombres a los que retienen junto a sí a la fuerza, sino que les destroza la vida también a las criaturas nacidas en esa circunstancia. Un hijo al que has engendrado por egoísmo no es un fin en sí mismo, sino que es un instrumento de chantaje para imponer tu voluntad, y, por lo tanto, es prácticamente imposible que puedas amar plenamente a esa criatura. Si el hombre acepta el chantaje y se queda, la mujer nunca le prestará demasiada atención al hijo, puesto que estará ocupada satisfaciendo sus propias necesidades emocionales a través de la figura del hombre (convencida de que está satisfaciendo las necesidades de él). Por otro lado, si el hombre no acepta el chantaje y se va, el bebé le sobrará a la madre desde el momento en que el hombre salga por la puerta. Muchos casos de malos tratos a bebés y a menores en general por parte de sus madres se deben a esto. Muchos otros casos de filicidio también.


Este comportamiento no es solo el producto del trastorno de apego. De hecho, es algo que vemos mucho en supervivientes de abusos sexuales, es decir, en mujeres gravemente traumatizadas.


Quedarse embarazadas a propósito para retener a un hombre será solo la argucia inicial que le conseguirá a esa mujer el hombre que ella ha elegido. Después, vendrán muchas cosas más a lo largo de toda la vida o mientras el hombre aguante, a saber: el chantaje emocional en primer lugar y siempre presente; las amenazas de suicidio si no se satisfacen sus exigencias; la manipulación del entorno contra el hombre, buscando aliados cuando este se atreva a llevarle la contraria; la difamación a sus espaldas; las escenas de celos contra otras mujeres, otros hombres o incluso contra la vida profesional o los hobbies del hombre; más embarazos no deseados por él; maltrato psicológico y posible maltrato físico; cambios de humor recurrentes; partes disociadas descontroladas, y jugar el rol de víctima siempre y en toda circunstancia de forma omnipresente.


Por supuesto, el hijo sufrirá toda la vida la manipulación de la madre. El argumento utilizado contra el padre será siempre: «Tu padre nos abandonó». Y por más que sea casi cierto, no hace falta explicar lo muy maquiavélico de esta premisa. Solo el hecho de haber criado a su hijo sola porque el padre los abandonó le servirá a esa mujer como excusa para mostrarse como una víctima ante todos el resto de su vida.


En otras ocasiones estas mujeres actúan como si esperaran a que sus hijos respondieran a sus necesidades emocionales, que sean ellos quienes las consuelen o que se hagan responsables de ellas. Lógicamente, no saben ser el adulto en la relación. Hablaremos más extensamente de la maternidad en otro libro, pero adelantemos aquí que, cuando la madre pone la carga de la responsabilidad sobre el menor, los condenan a desarrollar graves trastornos que se llevarán a la vida adulta.


Otro comportamiento tipo que vemos en estas mujeres es el de coleccionar novios. A menudo deciden tener un hijo con cada novio, convencidas de que cada uno es el definitivo. Esto las lleva a terminar con una colección de hijos nacidos cada uno de una relación diferente. A veces, esta vida desordenada y estos cambios de pareja exponen a los hijos a diferentes violencias por parte de uno o varios de los novios sin que las madres se enteren de nada ni se hagan responsables de ello.


Se me han presentado varios casos en consulta en los que la madre pide ayuda para lidiar con sus hijos varones porque estos comienzan a presentar comportamientos agresivos sin que ellas parezcan entender el porqué. Ahondando un poco en la problemática familiar, una descubre que los niños terminan por no poder relacionarse con sus padres biológicos de forma natural y que se resienten por ello. O bien los muchachos son obligados a vivir con hombres a los que no conocen, o que no los tratan bien, o con los que nunca llegan a tener una relación de confianza. También es común que los cambios continuos en la figura paternal lleven a ese joven al desequilibrio emocional.


Los varones necesitan figuras paternales de calidad cerca de ellos, de la misma forma que las niñas necesitan figuras femeninas. Ambos sexos necesitan de ambas figuras, pero, sobre todo a partir de cierta edad, los varones necesitarán un padre en sus vidas en quien poder basarse y a quien poder recurrir. También necesitan estabilidad emocional y psicológica, así como un entorno estable, sin mudanzas ni cambios perpetuos.


En ese sentido, si la madre se separa del padre y se queda con la custodia de los hijos y estos no pueden volver a ver a su padre, lo que ocurrirá es que el varón le guardará rencor a la madre y eso generará unos cambios comportamentales bastante visibles desde fuera. Lógicamente, hablamos de casos de parejas separadas por razones diferentes de la violencia o el abuso.