Entrevista a Sara Valens sobre su libro En Femenino Plural

Lee aquí la entrevista que me concedieron en la plataforma Tregolam a raíz de la publicación de mi libro En Femenino Plural.


Hola, Sara. Te damos la bienvenida y te agradecemos que nos respondas a algunas preguntas con motivo de la publicación de tu libro En Femenino Plural, en el que tratas temas sobre el feminismo y la conciencia de grupo, entre otras cosas, para que todas las mujeres unamos fuerzas en lugar de separarnos, bajo un objetivo común.


Además de lo anterior, especificas que tu libro está dirigido especialmente a las mujeres, aunque los hombres también pueden leerlo. ¿Qué encontrará la lectora entre las páginas de En Femenino Plural?


En Femenino Plural es un libro muy poco común que trata sobre lo que las mujeres habitualmente no queremos oír. Es una guía que explica cómo somos las mujeres y cómo tenemos que cambiar, si queremos que las cosas cambien en el mundo.

El libro habla de la personalidad femenina y de cómo se han ido conformado una serie de fenómenos sociales que consideramos dañinos; la actitud de la mujer actual, la equivocada conciencia de género femenino, la superioridad moral que algunas se otorgan, etc. Es un libro que aspira a cambiar muchas cosas, pero entendiendo que somos las mujeres las que tenemos que cambiar.

Descárgate estas láminas en el apartado Frases Motivadoras
Descárgate estas láminas en el apartado Frases Motivadoras

En tu libro mencionas que la conciencia de género femenino ha llegado a crear una crispación desde el lado femenino hacia los hombres. ¿Crees que es un concepto que todavía está por definir? ¿Cómo podría lograrse una verdadera conciencia de género femenino?


Más que conciencia de género, yo abogo por una conciencia de grupo en tanto que mujeres, algo que no existe aún. Los negros norteamericanos tienen una conciencia de grupo muy marcada, así como los judíos, los gitanos y otras minorías. Eso les ha ayudado a sobrevivir y a avanzar, y además se hacen oír. En las mujeres eso no existe y es uno de mis objetivos al escribir este libro. Una de las ideas que doy es el de la creación de comunidades de mujeres, donde cada una aporte lo que tiene o lo que sabe hacer en beneficio de otras mujeres en su entorno. Para lograr ese objetivo, las mujeres primero tienen que dejar de competir entre ellas y dejar de odiarse. No es fácil, dada la naturaleza femenina, pero es factible.


En tu libro cuestionas que exista una verdadera igualdad y que las mujeres siguen sin poder decidir sobre muchas de las cosas que las conciernen. ¿Qué se puede hacer para lograr una igualdad real entre hombres y mujeres?


Primero hay que aclarar que, si al referirnos a la igualdad hablamos de los derechos y oportunidades de los ciudadanos de una sociedad, en estos momentos, en el mundo occidental, las mujeres ya viven en igualdad con los hombres. Incluso hay países, como España, en donde las mujeres tienen privilegios legales por el hecho de ser mujer, como marca la LIVG.


Dicho esto, yo cuestiono incluso el término «igualdad» como el objetivo a alcanzar por la sociedad. Y esto es así porque los hombres y las mujeres no somos iguales, y por eso no cabe hablar de igualdad. Sin ir más lejos, la mujer puede tener hijos, y la mayoría querrá tenerlos. Ese sencillo detalle hace que todo sea diferente en la vida de la mujer, sobre todo en la vida profesional, aunque no exclusivamente. En ese sentido, antes que hablar de igualdad, creo que sería pertinente considerar el respeto a las singularidades de las mujeres, algo que el feminismo no ha hecho aún, sino que intenta transformar a la mujer en hombre para hacernos encajar a presión en una dinámica masculina. Considero que en nombre de la igualdad se han forzado las cosas de una forma que no tienen en cuenta las verdaderas necesidades e inquietudes de las mujeres y creo que es fundamental reconocer y tener en cuenta esto, antes de empezar a hablar de igualdad. El mundo académico y profesional, por ejemplo, está organizado de una forma que acomodan muy bien a los hombres, pero no tanto a las mujeres. Y esto conforma una problemática que no se soluciona aumentando los permisos de paternidad sin más. Hablamos de una restructuración de la vida profesional de forma que la mujer pueda desarrollarse en ambas áreas, maternal y profesional, si así lo desea. Lo que vemos en la práctica es que tarde o temprano la mujer tendrá que sacrificar una de las dos, cuando no tendría por qué ser así.




En tu libro también destacas que en el feminismo no es oro todo lo que reluce. ¿Qué pros y contras existen en este movimiento?


En el libro hago una crítica al feminismo como exfeminista. Yo he militado muchos años en el feminismo en diferentes países, y lo que critico son sus efectos en la vida diaria de las mujeres reales. Por mujeres reales me refiero a ti y a mí. No hablo de las mujeres en política, ni de las celebrities, sino de las mujeres normales que llevan vidas normales.


Hay cosas, como el divorcio, que se nos presentaron como las soluciones mágicas a nuestros problemas, pero que, a la larga, cuando observas de cerca la vida de las mujeres, no solo no les han solucionado sus problemas, sino que les han creado más. No es mi intención demonizar el divorcio, pero no se pensó primero en educar a la población y en darles herramientas para solucionar sus problemas de pareja. Muchos divorcios se podrían evitar si nos hubieran enseñado a relacionarnos como adultos, pero eso no se ha hecho. Se nos anima más bien a reaccionar de forma radical desde el desequilibrio emocional y unos mal entendidos derechos.

Por otro lado, el feminismo en realidad es un movimiento misógino que da por sentado que hay algo malo en ser mujer o que algo no funciona bien en el mundo de las mujeres, hasta el punto de querer eliminar todo lo que somos las mujeres y convertirnos en hombres.


En los últimos años, además, se ha vuelto adoctrinador y basa su argumentación en los derechos que supone que las mujeres no tienen, pero lo hace de una forma que no deja espacio para la responsabilidad, y cuando adoptas el discurso de los derechos sin entender que también tienes responsabilidades puedes acabar creyéndote moralmente superior, o puedes acabar comportándote como una niña malcriada, que es lo que parece que les ocurre a muchas jóvenes hoy. En general, el feminismo ha aleccionado a las mujeres de una forma que se nos está yendo de las manos, y hay que ponerle freno y decirles a las mujeres que se calmen y que aprendan a hacer las cosas de otra forma.



Relacionado con la pregunta anterior, del feminismo han nacido muchas vertientes, como el Radfem, que rechazan la identidad de género, entre otras cuestiones. ¿Qué opinas de estas corrientes?


En mi libro hablo del feminismo en general, pero no hablo tanto de sus diferentes corrientes, ni siquiera hablo de las feministas. Y lo hago así porque yo marco la diferencia entre la ideología y la persona que la practica. Yo he estado ahí, he sido feminista radical y comprendo perfectamente a las mujeres que son feministas hoy, sobre todo a las Radfem, en cuyo seno yo habría encajado a la perfección.

Hay que reconocer que las Radfem son las que están entendiendo mejor que ninguna otra dónde se ubica el verdadero peligro para nosotras. Muchos otros movimientos, feministas o no, parecen estar ocupados con agendas y políticas que solo distraen, pero este pequeño grupo ha dado en el clavo en muchas cosas, sobre todo en lo que concierne a la amenaza queer. En ese sentido, muchas de ellas encontrarán en mi libro unas argumentaciones en las que seguro que se verán reflejadas, aunque parezca irónico.





La intención que surge al escribir En Femenino Plural es la de crear una unión femenina para luchar juntas y generar un cambio común. Sin embargo, en la realidad esto no es tanto así. ¿Qué crees que nos impide crear una verdadera comunidad entre las mujeres?


Lógicamente, la competición femenina en la que muchas mujeres invierten todo el tiempo de sus vidas. Es duro observar los graves problemas a los que nos enfrentamos en la vida mientras las mujeres viven distraídas peleándose unas con otras. Incluso en aquellas relaciones entre mujeres aparentemente de amistad existe competición en muchos casos.


Insisto en esto a lo largo de todo el libro. Es uno de los mensajes clave de mi obra. Es imperativo que las mujeres nos unamos y comencemos a trabajar juntas, porque vamos derechas a la autodestrucción.



En En Femenino Plural tratas temas como el aborto, el divorcio, el apego, el empoderamiento, la agenda de género, la misoginia, etc. ¿Qué destacarías de tu libro por encima de otros libros dirigidos a mujeres?


En mi libro destacan varias cosas. Primero el tono que utilizo, porque pretendo ser asistencial, es decir, ayudar, y para eso he sido firme y afectuosa al mismo tiempo. En ningún momento utilizo la corrección política ni nada similar para dirigirme a las mujeres. En ese sentido, les digo las cosas que necesitan oír y no tanto las cosas que quieren oír. Eso duele, pero es efectivo porque se hace desde el amor y la comprensión, y eso le llega a la lectora.


Por otro lado, en muchas explicaciones utilizo mi propia experiencia como ejemplo, para que las mujeres entiendan que yo ya estuve ahí y que las entiendo. He sobrevivido a cosas muy duras y me he recuperado al completo, y eso me da una autoridad que pocas mujeres tienen. Eso también se nota en el libro y es algo que las mujeres normalmente agradecen bastante, porque suelen estar faltas de guías y de referentes femeninos de calidad.


Finalmente, no me conformo con exponer los problemas, sino que aporto soluciones también. Son unas pocas pautas que recomiendo a las mujeres, pero es una lista de soluciones no exhaustiva que podremos completar juntas. Estoy segura de que entre todas llegaremos a hacer grandes cosas para marcar la diferencia.



¿Qué políticas crees que serían necesarias para lograr un verdadero cambio?


No creo en la política como generadora de cambios. En los últimos años he abierto los ojos con respecto a la política y he pasado de ser una persona que creía en el voto como forma de expresión democrática, a considerar que podemos vivir sin los políticos.


Más allá de la política, las mujeres podemos generar el cambio solitas. Solo tenemos que ponernos de acuerdo. Las mujeres somos buenas organizadoras, y en realidad la gente no necesita de líderes políticos para saber lo que tienen que hacer para que cambien las cosas.