La mujer cuida, el hombre protege

“La mujer cuida y el hombre protege” es una de esas afirmaciones que genera una reactancia inmediata en las mujeres. Quizás porque expresa una realidad humana…



La reactancia que provoca la frase “La mujer cuida y el hombre protege” lleva a las mujeres a responder con el eslogan: “esos son estereotipos de género”. Que haya tantas personas que consideren que afirmar que, de forma natural, que la mujer cuida y el hombre protege se debe a un estereotipo de género y que no es verdad, solo muestra el nivel de adoctrinamiento de una sociedad que ha perdido el sentido crítico y hasta el sentido común.


Hoy aquí volvemos a las raíces humanas y explicaremos por qué la mujer es la que cuida y el hombre es el que protege.


Por norma general lo natural en los seres humanos es que la mujer cuide y el hombre proteja. Así es como ha sido desde que los humanos eran homínidos, quizás incluso antes porque observando el comportamiento de otros primates vemos que eso puede que venga desde mucho antes.


La tendencia de la mujer a cuidar se debe a que tiene la capacidad de dar vida, de parir o engendrar criaturas. Las mujeres pueden hacer eso. Y cuando una mujer tiene hijos en condiciones normales genera una serie de hormonas que impulsan a esa mujer a cuidar de sus criaturas.


Pero en general es una tendencia femenina la de cuidar, incluso en los casos de mujeres que no han tenido hijos. Y es verdad que nada de lo que hacen los seres humanos se debe a un solo factor o a una sola variable, pero las mujeres tienden a dedicarse a cuidar.


Por otro lado, los hombres tienen la fortaleza física y la autoridad que las mujeres no tienen. La autoridad para empezar ya está mal entendida. Parece que las mujeres piensen que la autoridad es gritar en las manifestaciones, ofenderse mucho cuando se traspasan sus supuestos derechos, y cosas por el estilo. En pocas palabras, estar en reactancia. La pura realidad es que la mayoría de las mujeres no entiende qué significa autoridad.


La autoridad no tiene nada que ver con nada de eso; hay ciertos oficios para los que se necesita autoridad y se ve se ve rápidamente quién puede ejercerlos y quién no puede. Por ejemplo, en algunos departamentos en cualquier cuerpo de policía del mundo hay puestos que están destinados a hombres, porque la mujer no tiene ni la fortaleza física ni la autoridad (ni las ganas) como para ejercer ese tipo de trabajos.


Por otro lado, hay un impulso protector que tiene el hombre. Gran parte de los hombres tienen ese impulso de proteger lo suyo y a los suyos. Y en general las mujeres no tienen este impulso de protección, ni la autoridad, ni la fuerza para hacerlo; pero por otra parte el hombre tampoco suele tener la capacidad que sí parece tener la mujer para cuidar.


Lo políticamente correcto hoy es afirmar que si las mujeres se dedican a la mayoría de los trabajos de cuidados es porque el patriarcado nos empuja a ello. Porque estamos siendo condicionadas a ello. Por eso a muchas les choca encontrarse con argumentos como los míos. La verdad es que en los países occidentales, donde las personas pueden elegir, la mayoría de los oficios relacionados con el cuidado están ocupados por mujeres. Por ejemplo, la mayoría de las personas que nos dedicamos a la psicología somos mujeres. Y esto les puede parecer un condicionamiento a algunas, pero entonces habría que cuestionarse lo siguiente: ¿La mujer que elige un oficio masculino no sufre influencias de la sociedad? ¿Cómo es posible que estas mujeres puedan escapar a esa influencia y las demás no? ¿Cuando un hombre elige un oficio concreto está siendo influido por el patriarcado también?¿Por qué el discurso del condicionamiento social en la elección de la profesión va dirigido exclusivamente a las mujeres?


La verdad es que ya se han hecho suficientes estudios, y se ha observado la vida humana en suficientes contextos a lo largo del tiempo, en muchas culturas diferentes, en todos los países del mundo, como para despertar a la realidad y admitir que al final las mujeres eligen los oficios que les gustan a ellas.


Es cierto que las personas podemos elegir profesiones de forma equivocada porque estemos recibiendo presiones del entorno más cercano o porque estemos influidos por la cultura. Eso ocurre. Eso puede hacer que una persona estudie cierto tipo de cosas cuando es joven, pero cuando se alcanza la adultez y cierta madurez en la vida, empiezas a tomar decisiones por cuenta propia.


Cuando uno ya es adulto puedes dar marcha atrás y decidir hacer otras cosas si consideras que has tomado una decisión equivocada. Muchas personas, cuando llegan a la edad adulta y después de haber pasado años en el mundo profesional, se dan cuenta de que se han equivocado, y toman la decisión de cambiar de oficio y se dedican a otra cosa.


Quiero pensar que en el mundo occidental son una minoría los que deciden quedarse en trabajos que no les gustan de verdad, y que la mayoría de las personas, cuando saben que se han equivocado de empleo, lo cambiarían. Para mí eso puede ser un indicativo de que las mujeres no se equivocan cuando eligen sus oficios. Eligen lo que les gusta y en la mayoría de los casos lo que eligen es cuidar de otros. Por eso las mujeres somos mayoría en psicología, o en enfermería o medicina.





Si miramos atrás en la historia de la humanidad, vemos que la mayoría de los médicos y cuidadores de todo tipo han sido históricamente mujeres. Hoy prevalece la idea de que el médico ha sido siempre hombre, pero la verdad es que eso no tiene ningún sentido. La “ocupación” masculina de los oficios femeninos se ve sobre todo en la medicina, que ha sido siempre una forma de vida y un oficio primordialmente femeninos. Y es lógico que sea así sea, porque la mujer cuida. Cuando las personas vivían en las sociedades primitivas, era el hombre quien salía a cazar y hacer todas aquellas labores que requerían fuerza física, por su parte la mujer se quedaba cuidando de la prole y del clan, y eso incluía la medicina.


Los chamanes, médicos o curanderos en su mayoría han sido mujeres y esto está documentado. La que salía a buscar las hierbas era la mujer, la que hacía las pociones era la mujer. En la mayoría de los casos también había algunos hombres, pero sobre todo eran las mujeres quienes se dedicaban a esas actividades. Hoy, la mujer sigue siendo la cuidadora. En la actualidad la mayoría de los trabajadores en medicina, enfermería, psicología o geriatría siguen siendo mujeres.


De la misma forma que la mujer tiene algo que la lleva a cuidar, sin embargo, en las tareas que tienen que ver con la protección, gran parte de las mujeres fallan estrepitosamente. En el contexto de los abusos sexuales en la infancia suele suceder que cuando la mujer es incapaz de proteger a sus hijos. La mayoría de las madres no denuncian ni denunciarían nunca el abuso sexual a sus criaturas. Es decir, que no protegen al menor. Pueden haber hecho un trabajo excelente en todo lo que es cuidado del menor; se han ocupado de los hijos hasta donde han sabido o podido, pero no los protegen. Porque la mujer no protege, la mujer cuida, y ahí se acaba la función de la mujer como madre para muchas.


Cuando no hay un hombre protector en los hogares, si los hijos se crían sin un padre, se nota la falta de protección. Hay una vulnerabilidad específica en esos menores que puede ser debida al hecho de que se han criado sin la protección que puede ofrecer el buen padre. A veces el padre no tiene que estar, porque es mejor que no esté, claro está, pero cuando se habla de un padre normal, la sensación de protección que ejerce ese hombre no la puede sustituir la madre.


Es un hecho respaldado por las experiencias de millones de personas que quienes se han criado sin padre tienen falta grave de muchas cosas; porque la falta de atención paterna se traduce en muchos comportamientos patológicos. Pero sobre todo hay una falta de protección, y eso genera vulnerabilidades en los menores, porque los menores necesitan a ambos progenitores cuando los progenitores son buenos. Cuando no hay malos tratos, cuando no hay abusos, cuando no hay negligencias, en esos casos son necesarios ambos progenitores.





Ahora vivimos inmersos en la idea de que las mujeres son fuertes, y como son fuertes no necesitan al hombre. Esa creencia puede provocar que muchas mujeres crean que no necesitan al hombre y lo echen de sus vidas.


El resultado de esto es que hay mujeres que se parten el cuerpo y la cabeza trabajando como animales porque tienen una doble o triple jornada, no tienen a su hombre con ellas porque las abandonó, o porque los expulsaron de su vida; y por eso deben hacerlo todo ellas. Por eso las mujeres se denominan fuertes, pero en realidad esto parece que tenga más que ver con la falta de inteligencia que con la fortaleza.


Normalmente, cuando las mujeres se divorcian caen al vacío, porque no hay nadie ni nada para sostenerlas. Está cargada de trabajo fuera y dentro de la casa, y al final lo que pasa es que no pueden cumplir con su rol de protectoras, porque no están para los hijos, pero tampoco pueden cumplir con su rol básico de cuidadoras por el mismo motivo; tienen que estar fuera trabajando para proveer.


Incluso en los casos en los que el hombre está en la casa o en la familia, algunas mujeres despojan a los hombres de su tarea como protectores, por lo que ni siquiera cuando el hombre está puede ejercer su tarea de protector. Eso conlleva algo negativo para la masculinidad, para la función como hombre. También puede generarse un peso sobre la relación de pareja, si al hombre no se le deja ser hombre al final se va a resentir.


Lo que se cuenta sobre la fortaleza femenina en la leyenda feminista o del tipo que sea, es que las mujeres no necesitan a los hombres, por lo que muchas los echan de sus vidas, alegremente, para luego ocuparse ellas mismas del rol de la mujer y del hombre también, es decir, cuidar y proteger. Finalmente, se dan cuenta de que no dan abasto y no pueden hacer ni una cosa ni la otra.


Arrebatarle al hombre la función de protector por el hecho de pensar no los necesitan es un error. Hoy es cuando más protección necesitan las mujeres, porque es cuando más se nos violenta. Estamos llegando a unos límites de violencia contra las mujeres que no se habían visto nunca en la historia de la humanidad.


Y es verdad que buena parte de toda la violencia contra las mujeres la ejercen los hombres. Lo cual no es lo mismo que decir que todos los hombres son violentos. Un solo hombre puede causar mucho daño a muchas mujeres, de la misma forma que un solo pederasta puede hacer estragos entre muchas víctimas. Pero no se puede meter a todos los hombres en el mismo saco, no se puede castigar a todos por lo que solo unos pocos hacen.




A las mujeres les toca meditar sobre qué es lo que quieren de los hombres, sobre si de verdad esta historia sobre la fortaleza femenina y está mentira sobre que ellas pueden hacer todo sin ayuda de los hombres, es algo que les beneficia o algo que les perjudica más a la larga.


Porque no es una casualidad que la naturaleza haya creado esos dos sexos, el hombre y la mujer y que las cosas se hayan desarrollado de una forma concreta hasta este momento en la humanidad. No hemos tenido tanto éxito evolutivo durante miles de años haciendo que la mujer sea la fuerte y que el hombre no aparezca en la foto. No ha sido siguiendo está forma de ver las cosas que hemos llegado hasta aquí. Es un ejercicio de reflexión mirar atrás y aprender de cómo se han hecho las cosas hasta ahora.


Lo que están viviendo ahora muchas mujeres es una consecuencia de las decisiones que ellas mismas han tomado, y cuando se llega a cierto punto en el nivel de caos toca parar a reflexionar y ver si de verdad es así como quieren continuar. Porque se podría generar un cambio importante solo con que las mujeres probaran a hacer las cosas de forma diferente.


Se puede aprovechar la sabiduría del ser humano, la que ya viene desde hace milenios y adaptarla a la forma de vida de hoy;