Los estilos de apego

Aquellos problemas que consideramos de autoestima, de inseguridades o de control de impulsos, están estrechamente vinculados al apego.

La mayoría de las personas no entienden muy bien a qué nos referimos cuando hablamos de apego. Pero en cambio han oído cosas como la autoestima, la falta de amor propio y el control de impulsos. También han oído hablar de cosas como las adicciones, las relaciones de pareja conflictivas, o de los problemas en general para relacionarse con otras personas o para establecer relaciones de calidad. Todas estas cosas y muchas más están vinculadas directa o indirectamente a los trastornos de apego.


El apego es, para explicarlo de una forma sencilla, la manera en que nos relacionamos o buscamos relacionarnos con otros, es una de las cosas más básicas para la vida.


Para los seres humanos las primeras figuras de apego son siempre los padres o progenitores, las personas con las que nos criamos. De la forma en que ellos nos traten y de cómo se establezcan esas primeras relaciones en la infancia, va a depender cómo nos relacionaremos con el resto de las personas a lo largo de nuestras vidas.


Existirían cuatro estilos de apego que serían: el apego seguro, el inseguro-evitativo, el inseguro-ambivalente, y el desorganizado o desorientado.


En el mundo en que vivimos hoy no hay muchas personas con apego seguro. De hecho, hay que explicar que todas las personas tenemos problemas de apego, y esto es así porque ese aprendizaje para relacionarnos con otros nos lo dan nuestros padres, y no hay padres perfectos porque ellos, a su vez, han tenido problemas de apego heredados de sus padres.

Evidentemente, no es lo mismo tener un pequeño problema de apego porque nuestros padres en una etapa de nuestra vida no nos hicieron mucho caso porque estaban ocupados con hermanos más pequeños, por ejemplo, que haber sufrido abusos sexuales por parte de un progenitor, o una negligencia grave, o abandono, o etc.


"Si hablamos de autoestima; de inseguridades; de problemas relacionales o conductuales; de envidia; de celos; de complejos de inferioridad; o incluso de autolesiones, estamos hablando de apego."

El estilo dominante de apego se forma habitualmente dentro del ámbito de la relación con la madre. Después, cuando adultos, este estilo aprendido de las madres se replicará al resto de relaciones que se tienen con otras personas. También se pueden desarrollar estilos de apego secundarios con otros miembros familiares, como el padre y los hermanos mayores.

Los vínculos de apego entre los humanos nos sirven también para sentirnos protegidos en momentos de amenaza. Así mismo, la sensación de pertenencia o no pertenencia a un grupo tiene su base en la calidad del apego que hayamos recibido.


Al igual que con el trauma, el tipo de apego que tengamos es mensurable a través del comportamiento. Los estilos de apego suelen permanecer relativamente estables a lo largo de toda la vida, aunque sean perfectamente susceptibles de cambio con la terapia adecuada. Es decir, no tenemos por qué sufrir por el trato recibido de niños el resto de nuestras vidas.


Veamos los diferentes tipos de apego:


Apego Seguro


Se genera apego seguro cuando tienes el apoyo de tu entorno familiar cuando lo necesitas. Quizás no siempre, pero sí una mayoría de las veces. Digamos que cuando disfrutamos de un apego seguro tenemos todas las necesidades emocionales cubiertas en un alto grado. Estamos psicológica y emocionalmente blindados contra cualquier tipo de experiencia desagradable o perturbadora que podamos vivenciar. Tendremos unos recursos cognitivos y emocionales que nos sirvan de amortiguación ante las experiencias duras de la vida. Esto no significa que estemos libres de trauma por tener apego seguro. En caso de sufrir experiencias duras podemos desarrollar trauma igual, pero estaremos más protegidos, y podremos recuperarnos antes de sus secuelas.


Las personas con apego seguro tienen un margen de tolerancia más grande ante las adversidades. Además, puesto que la cognición está muy vinculada a las emociones, encontramos que también tienen más habilidades cognitivas que las personas con apego inseguro. Estas diferencias son palpables a veces incluso entre hermanos de la misma familia. Al observar a los miembros de una familia interactuar se pueden ver las diferencias entre el tratamiento que se les ha dado a los diferentes hermanos, y por lo tanto se ven también las diferencias en el estilo de apego que han desarrollado.


El apego seguro sería lo que la gente entiende normalmente por una autoestima sana.


Apego inseguro-evitativo


El apego inseguro-evitativo lo genera la ausencia de un cuidador accesible. Cuando la madre no está disponible los niños aprenden a cuidarse solos. Pueden volverse niños introvertidos que no saben relacionarse bien con los demás ni saben resolver conflictos y no expresan las emociones fácilmente.



Las personas con apego inseguro-evitativo se suelen distanciar de otras personas y minusvaloran las relaciones. Aparentan ser muy independientes de los demás y pueden incluso desdeñar la importancia de las emociones en la vida. Son personas que no pueden manejar situaciones de estrés y por lo tanto se retraen, pero aun así siguen sin buscar el apoyo emocional de otras personas. Tienen un sistema de conexión social que está debilitado. Este es un término del psicólogo norteamericano Porges, cuya teoría sobre el apego es muy interesante.



Apego inseguro-ambivalente


El apego inseguro-ambivalente, al contrario, genera adultos incapaces de regularse solos. Son niños criados con adultos emocionalmente inconsistentes, con sus propios cambios de humor y sus propias necesidades insatisfechas. De adultos, estos niños son propensos a estar permanentemente activados y no saben estar solos, lo que hace que desarrollen relaciones de dependencia.


La inconsistencia en la forma en que la madre se acerca a los hijos puede generar una hiperactivación en el sistema nervioso del menor por estimularlo mucho o, al contrario, puede ignorarlo cuando el niño la busca generando hipoacivación. Esto genera una incertidumbre, una ambivalencia, que le da el nombre a este estilo de apego.

Un niño en esa circunstancia no sabe si puede o no puede acercarse a su madre porque es incapaz de predecir cómo se va a comportar, por lo que empieza a desarrollar un comportamiento cauteloso. Les preocupa tanto estar separados de sus madres como estar junto a ellas.


Al llegar a la edad adulta, son personas con una necesidad patológica de atención por parte de otros, por lo que desarrollan trastornos por dependencia con mucha facilidad. Entendemos que hay trastorno de apego inseguro-ambivalente cuando oímos la expresión no sé estar solo.


Estas personas dependen mucho de la regulación externa, es decir, de que sus parejas y otros los validen constantemente, pero al mismo tiempo tienen un déficit en la capacidad para tranquilizarse incluso cuando están siendo validados, lo que hace que su búsqueda de atención desesperada no acabe nunca.



Apego desorganizado o desorientado


El apego desorganizado o desorientado resulta desadaptativo y se genera cuando la conducta de la madre resulta atemorizante, cuando estar con la madre produce miedo. Esto ocurre en los casos de negligencias graves por parte de la madre o malos tratos por alguno de los progenitores o abusos de algún tipo. Normalmente estos malos tratos suelen generar una activación elevada y crónica del sistema autónomo, o bien una alternancia entre estados de hiperactivación y de hipoactivación.


Los individuos con este tipo de apego desorganizado serían personas que en su edad adulta están necesitadas de cariño y de acercamiento pero que lo evitan a toda costa. Es posible que den muestras de querer estar cerca de alguien, pero luego lo desprecian o sencillamente no dan oportunidad para que el otro se acerque a ellos.


A su vez, el apego desorganizado se puede subdividir en otros dos subtipos: el controlador punitivo y el controlador cuidador. El controlador cuidador es un ayudador compulsivo, alguien que va buscando a otras personas con problemas para ocuparse de ellos de forma insistente. El controlador punitivo sería la víctima que se autocastiga, que se culpa de todo y cuyas acciones agresivas van dirigidas hacia su persona. Son tendentes a la autolesión y al suicidio.


Al contrario que el trauma, los problemas de apego no desbordan al sistema nervioso, por lo que las secuelas no son tan graves. Ahora bien, si la fuente del trauma en un menor son las figuras de apego, es decir, progenitores o familiares cercanos, entonces se puede generar lo que llamamos trauma de apego.


En todo lo que tiene que ver con problemas de apego no hay ninguna duda de que aquello se originó en la niñez, porque es cuando somos niños que aprendemos estas pautas comportamentales y aprendemos cómo relacionarnos con los demás. Por lo tanto, si hablamos de autoestima; de inseguridades; de problemas relacionales o conductuales; de envidia; de celos; de complejos de inferioridad; o incluso de autolesiones, estamos hablando de apego

Si es tu caso y buscas terapia, asegúrate de buscar a una psicóloga que haya estudiado el apego y que no se limite a tratarte como si solo tuvieras un problema de autoestima.


Puedes escuchar el podcast vinculado a esta entrada aquí

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